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Hay algo indescriptible en despertar y sentir que el mundo está lleno de posibilidades, como si el aire mismo te contara que hoy podría ser el día en que todo cambie. Cada mañana es una página en blanco, una historia que aún no se ha escrito, y tú eres el autor. No importa si ayer fue gris o luminoso; el sol que asoma por la ventana trae consigo la promesa de un nuevo comienzo. Y ahí radica la belleza: en la certeza de que, por más que creamos conocer lo que nos espera, siempre hay espacio para la sorpresa, para lo inesperado, para ese pequeño detalle que nos hace sonreír sin razón aparente. 

La vida tiene esa cualidad mágica de sorprendernos cuando menos lo esperamos. A veces, es en las cosas más simples: el aroma del café recién hecho, la caricia del viento en la piel, una canción que suena justo en el momento preciso. Otras, son esos instantes que nos sacuden por dentro, que nos recuerdan que estamos vivos y que cada día es una oportunidad para reinventarnos, para abrazar lo desconocido y dejar que nos lleve a lugares que ni siquiera habíamos imaginado. Porque, ¿qué sería de nosotros sin esa chispa de incertidumbre que nos mantiene despiertos, con el corazón latiendo fuerte y los ojos bien abiertos? 

Hay quienes temen a lo que no pueden controlar, pero ¿no es acaso en esa falta de control donde reside la emoción? Dejarse llevar, confiar en que el universo tiene un plan, aunque no lo entendamos del todo. Porque cada día es como un regalo envuelto en papel brillante: no sabes qué hay dentro hasta que lo abres. Y tal vez no sea lo que esperabas, pero eso no significa que no sea exactamente lo que necesitabas. La clave está en abrir los brazos y recibirlo todo, sin miedo, con la certeza de que incluso en los días más oscuros hay algo que aprender, algo que nos hace crecer. 

Así que, cuando te levantes mañana, respira hondo y recuerda que el mundo está lleno de colores que aún no has visto, de risas que aún no has escuchado, de sueños que están esperando a que los alcances. Porque la vida no es solo lo que planeamos, sino también lo que nos sorprende. Y ahí, en ese equilibrio entre lo esperado y lo inesperado, es donde reside la verdadera magia. Deja que te envuelva, que te lleve de la mano y te muestre que, después de todo, cada amanecer es una invitación a vivir algo extraordinario.

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