Escritos
Imagina que estás de paseo en una librería pequeña, casi imperceptible en las calles de la ciudad. Las estanterías están llenas de libros de todos los tamaños, de todos los colores, tienen infinidad de historias y relatos, algunos libros están en un orden que solo el librero parece entender, otros amontonados como esperando que alguien los salve del olvido. Te atrae un rincón en especial, donde los libros parecen más intrigantes, con colores que solo una mente inquieta y curiosa puede apreciarlos.
Tus dedos recorren cada uno hasta que te detienes en uno en particular, una encuadernación que resalta, con letras apenas visibles que forman el título. No lo habías oído antes, pero algo en él parece llamarte. Lo abres al azar y, de pronto, te encuentras con una página donde las palabras parecen resonar en tu mente.
Reconoces el texto de inmediato, cada palabra, cada frase… Es algo que leíste hace tiempo, un pensamiento que alguien escribió para ti, una reflexión, un escrito que un día leíste en un mensaje personal o en una carta que te hicieron llegar en el momento menos pensado.
La lees una y otra vez, con incredulidad, con sorpresa, con intriga. Intentas recordar si en algún momento habías compartido esos mensajes, si alguien más podría haberlo copiado, pero sabes que no es posible. Nadie, absolutamente nadie, había visto esas palabras, y sin embargo, ahí están, impresas en ese libro.
A medida que avanzas en la lectura, notas que el texto en el libro no solo contiene esas palabras ya conocidas, sino que continúa, como si alguien más hubiera tomado esos pensamiento y lo hubiera completado, ampliando la historia, contando lo que está por suceder y lo que pasará mucho tiempo después. No has estado ahí, todavía, pero te resulta familiar, como si ya lo hubieras vivido, cada escrito, cada relato te traslada a lugares en los que tú sientes que ya has estado.
Es como si el libro hubiera cobrado vida propia y ahora estuviera relatando la historia que solo tú conoces.
Te llevas el libro, decidido a desentrañar el misterio. Y, mientras sales de la librería, no puedes evitar preguntarte: ¿es posible que los escritos que has recibido se hayan filtrado a este mundo de papel? ¿O es el libro quien ha encontrado el camino hasta ti?

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