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Imagina que el mundo que conoces se desvanece como lo hace una llovizna al amanecer, y frente a ti se abre un camino que no tiene vuelta atrás. Un lugar desconocido, lejano, donde el tiempo se desliza de otra manera y las reglas son distintas. Solo te permiten llevar contigo un recuerdo, uno solo, como si el peso de todo lo que has vivido pudiera condensarse en un solo instante. ¿Cuál elegirías? ¿La mirada de alguien especial? ¿La sonrisa que una vez llenó tu habitación? ¿O tal vez el silencio de un atardecer que te hizo sentir suavemente la eternidad? Ese recuerdo será tu ancla, tu refugio, la única prueba de que alguna vez fuiste quien eres.

El aire huele a despedida, a algo que no se puede nombrar pero que se siente en el pecho, como un nudo que no se desata. Piensas en todas las cosas que dejarás atrás: las calles que recorriste, las canciones que tarareabas sin pensar, las miradas que cruzaste sin saber que serían las últimas. Todo eso se queda aquí, en este mundo que ya no te pertenece. Pero ese recuerdo, ese único fragmento de tu vida, lo llevarás contigo como un tesoro. Será lo que te recuerde que, a pesar de la distancia, de lo desconocido, sigues siendo tú. Porque, al final, ¿qué somos sino un cúmulo de momentos que nos definen?

Y mientras te preparas para iniciar este viaje, te preguntas si ese recuerdo será suficiente. ¿Podrá sostenerte en los días grises? ¿Será capaz de llenar los vacíos que dejará todo lo demás? Tal vez no. Tal vez no haya nada que pueda compensar la pérdida. Pero ese instante que elegiste, ese segundo que guardaste como si fuera un diamante, brillará en la oscuridad. Te recordará que, aunque todo cambie, hay algo en ti que permanece, algo que no se puede arrebatar. Ese recuerdo será tu luz, tu guía, tu razón para seguir adelante.

Así que cierra los ojos y respira hondo. Siente el peso de ese momento en tus manos, como si fuera tangible. Llévalo contigo, no como una carga, sino como un regalo. Porque, al final, ese recuerdo es más que un simple instante: es la esencia de todo lo que has sido, lo que eres y lo que serás. Y aunque el camino que te espera sea incierto, aunque no haya vuelta atrás, ese pedazo de tu historia te acompañará siempre, recordándote que, en algún lugar, en algún momento, fuiste y volverás a ser feliz. Y eso, eso es suficiente.

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